‘Los odiosos ocho’, más Tarantino que nunca

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  Más Tarantino que nunca. Tarantino en estado puro. Un empacho de Tarantino, vamos. Los odiosos ocho (que se refiere tanto al número de protagonistas como a que se trata de la octava película del director) es eso: Tarantino por todas partes. Al más puro estilo spaguetti western, rodada en Ultra Panavisión...
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THE HATEFUL EIGHT

Más Tarantino que nunca. Tarantino en estado puro. Un empacho de Tarantino, vamos.

Los odiosos ocho (que se refiere tanto al número de protagonistas como a que se trata de la octava película del director) es eso: Tarantino por todas partes.

Al más puro estilo spaguetti western, rodada en Ultra Panavisión 70 milímetros y orlada por la música de Ennio Morricone, la cinta comienza con un larguísimo plano en el que una diligencia recorre un paisaje nevado. Parece prometernos idílicas escenas de montaña y oeste salvaje. Pero no: tres horas de metraje con los personajes encerrados, primero en la diligencia, después en una posada.

Un cazarrecompensas lleva a una prisionera a Red Rock para que sea ahorcada. En el camino, encuentra a otro colega que porta, a su vez, tres cadáveres para cobrar por sus cabezas. Son la personificación del cartel de SE BUSCA: el primero lleva a sus presas vivas, el segundo las prefiere muertas. Ha pasado poco tiempo de la guerra de Secesión y las heridas aún están abiertas. Una ventisca de nieve encierra al norte y al sur en una habitación… Y a partir de ahí, un desfile de personajes de lo más granado del universo Tarantino.

La película bien podría haber sido una obra de teatro. Diez negritos, por ejemplo. O la propia Reservoir Dogs, con la que comparte varios actores. Una sala repleta de gente en la que todos sospechan de todos. Y el público esperando ver el baño de sangre. Porque si no hay baño de sangre, no es Tarantino. Pero lo hay, no se preocupen, y en exceso. Porque el director es un exhibicionista en todos los aspectos: los diálogos brillantes pero tan abundantes que se desbordan; los monólogos que suben la tensión hasta el infinito; la sangre, las vísceras, la violencia sin límite y sin censura. Exhibicionismo.

Lo bueno es que el talento del director consigue mantener la tensión casi las tres horas a base de palabras. Lo malo, que no hacen falta tres horas para contar esta historia y que, aunque Tarantino siempre sorprende, también usa siempre el mismo recurso final.

Seguro que encantará a los fans. A mí no tanto; no está a la altura de Django desencadenado.

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